Acciones e investigaciones Sociales. Nº 47 (2026)
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Consumo problemático de cannabis en estudiantes universitarios: análisis de
género, orientación sexual y patrones de policonsumo.
Problematic Cannabis Use in the University Setting: An analysis of gender,
sexual orientation and Polysubstance Use Patterns.
Manuel Isorna-Folgar1, Nuria García-Couceiro2* , Millán Brea-Castro1, Víctor José Villanueva-
Blasco3 y Antonio Rial-Boubeta4
1 Facultad Ciencias Educación y Trabajo social. Universidad de Vigo (España)
2 Facultad de enfermería. Universidad Santiago de Compostela (España)
3 Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Internacional de Valencia (España)
4 Facultad de Psicología. Universidad Santiago de Compostela (España)
* Autora de correspondencia: n.garcia.couceiro@usc.es
Recibido 2025-04-06. Aceptado 2025-07-18
DOI: https://doi.org/10.26754/ojs_ais/accionesinvestig.soc..20254711724
Resumen
El consumo problemático de cannabis entre estudiantes universitarios constituye un fenómeno
multifactorial de creciente relevancia en salud pública, estrechamente vinculado a la precocidad en el
inicio del uso de sustancias, el policonsumo y determinadas vulnerabilidades sociodemográficas. Este
estudio tiene como objetivo estimar la tasa del consumo problemático de cannabis en una muestra
amplia de estudiantes universitarios gallegos, así como examinar los factores diferenciales asociados
sexo y orientación sexual y los patrones de policonsumo concomitantes. Mediante un diseño
transversal, se administró un cuestionario autoinformado a 1.790 estudiantes de tres universidades
públicas, incluyendo instrumentos validados (CAST, AUDIT, CRAFFT, PHQ-9). Los resultados evidencian
un porcentaje del 4,7% de consumo problemático de cannabis, significativamente mayor en varones,
y un perfil de riesgo caracterizado por la iniciación precoz en el consumo de alcohol, tabaco y cannabis,
así como por la alta concurrencia de otras sustancias como estimulantes, hipnosedantes y nicotina en
diversas formas. Aunque las diferencias según orientación sexual no fueron estadísticamente
significativas, se observó una tendencia consistente hacia una mayor prevalencia del consumo
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problemático entre estudiantes LGTBI. La regresión logística identificó un perfil de riesgo asociado al
consumo problemático de cannabis, caracterizado por el sexo masculino, el inicio precoz en su uso, el
policonsumo (especialmente tabaco en cachimba, alcohol y anfetaminas) y la presencia de
sintomatología depresiva. Estos hallazgos subrayan la necesidad de implementar estrategias
preventivas tempranas, interseccionales y culturalmente sensibles, orientadas a reducir la
normalización del consumo y a fomentar entornos universitarios protectores.
Palabras clave: consumo problemático de cannabis; policonsumo; estudiantes universitarios, inicio precoz;
diversidad de género y sexual.
Abstract
Problematic cannabis use among university students represents a multidimensional public health
challenge, closely linked to early substance use initiation, polysubstance patterns, and specific
sociodemographic vulnerabilities. This study aims to estimate the prevalence of problematic cannabis
use in a large sample of Galician university students, and to explore differential factorsparticularly
sex and sexual orientationas well as co-occurring substance use patterns. A cross-sectional survey
was conducted with 1,790 participants from three public universities, using validated screening
instruments (CAST, AUDIT, CRAFFT, PHQ-9). Findings revealed a 4.7% rate of problematic cannabis
use, significantly higher among male students. This problematic use was associated with early onset
of alcohol, tobacco, and cannabis consumption, and with frequent co-use of other substances such as
stimulants, sedatives, and nicotine-based products. Although differences by sexual orientation did not
reach statistical significance, a consistent trend toward a higher prevalence of problematic was
observed among LGTBI students. The binary logistic regression analysis identified male sex, younger
age of cannabis initiation, recent use of waterpipe tobacco, higher levels of alcohol consumption,
lifetime use of amphetamines, and the presence of depressive symptoms as significant predictors of
problematic cannabis use. The findings highlight the urgent need for early, intersectional, and
culturally sensitive prevention strategies aimed at disrupting substance use trajectories and
promoting supportive university environments.
Keywords: problematic cannabis use; polysubstance use; university students; age of initiation; sexual
orientation.
INTRODUCCIÓN
El consumo de cannabis en estudiantes universitarios representa un importante problema de salud
pública, dada su elevada prevalencia y el impacto negativo que puede generar sobre la salud física,
mental y el rendimiento académico (Fernández et al., 2013; Hernández-Serrano et al., 2018; Merchán
et al., 2014). Según datos recientes del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones [OEDA]
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(2022), el cannabis es una de las sustancias ilegales más consumidas en España, con una prevalencia
del 2,1 % en la población general, porcentaje que se incrementa hasta el 22,2 % entre adolescentes y
jóvenes adultos. En el caso concreto del ámbito universitario, distintos estudios han señalado
prevalencias de consumo en el último año que oscilan entre el 39,2 % y el 50,6 %, y tasas de consumo
mensual situadas entre el 21,6 % y el 30,2 % (Martínez et al., 2019). De forma complementaria, datos
del proyecto UNIHCOS indican que el 30,7 % del alumnado universitario declaró haber consumido
cannabis en el último o y el 15,7 % en los últimos 30 días, con diferencias estadísticamente
significativas según el sexo: entre los hombres, el 36,5 % refirió consumo anual y el 19 % consumo
mensual, mientras que entre las mujeres estas cifras fueron del 28,5 % y el 14,4 %, respectivamente
(Redondo-Martín et al., 2022).
El consumo problemático de cannabis requiere especial atención debido a sus importantes
consecuencias negativas y su diferenciación respecto al consumo ocasional o de bajo riesgo. Este
último tipo de consumo, frecuentemente denominado de manera errónea como "recreativo", ha
generado controversia porque implica una percepción engañosa de control sobre el consumo,
minimiza los daños potenciales y sugiere una aceptación social que puede promover conductas de
riesgo (Sanchez et al., 2023), ignorando así su potencial real para generar dependencia, interferencias
en las actividades cotidianas y dificultades para controlar su uso (Delegación del Gobierno para el Plan
Nacional sobre Drogas [PNSD], 2018). Según el European Monitoring Centre for Drugs and Drug
Addiction (EMCDDA), el consumo problemático se define específicamente como «aquel patrón de uso
que ocasiona consecuencias negativas para la salud física y psicológica del consumidor, así como
efectos adversos en su entorno social próximo, incluyendo dificultades para cumplir con sus
responsabilidades personales, académicas o laborales» (EMCDDA citado en OEDA, 2022, p. 79). Los
datos recientes del OEDA (2022) indican que el 17,8% de adolescentes y jóvenes que consumieron
cannabis en el último año presentan signos de consumo problemático, prevalencia que alcanza el
22,5% en consumidores de entre 15 y 64 años, siendo mayor en hombres (24,1%) que en mujeres
(18,5%). Para evaluar adecuadamente este fenómeno, es imprescindible disponer de instrumentos
validados como el Cannabis Abuse Screening Test (CAST) (Legleye et al., 2011; Rial et al., 2022).
La etapa universitaria es especialmente crítica debido a que implica importantes transiciones vitales,
tales como la independencia familiar, la adaptación a un contexto académico más exigente y la gestión
autónoma del tiempo libre, factores que incrementan la vulnerabilidad frente al consumo de
sustancias psicoactivas como el cannabis (Villanueva-Blasco et al., 2022). En particular, esta
vulnerabilidad puede verse amplificada por la disminución generalizada en la percepción del riesgo
asociado al consumo de cannabis observada en los últimos años, fenómeno influenciado
notablemente por el debate internacional sobre su legalización y por las campañas desarrolladas a
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favor de dicha legalización, que han reducido sustancialmente la percepción social del riesgo,
especialmente entre los consumidores (Isorna et al., 2023b; Keyes et al., 2017; Smart y Pacula, 2019).
En este contexto, resulta especialmente relevante la normalización social del cannabis, sostenida por
narrativas que minimizan sus riesgos y lo presentan como una sustancia natural, terapéutica o
culturalmente aceptable. Como señalan Isorna y Villanueva-Blasco (2022), la industria cannábica ha
adoptado estrategias de desinformación similares a las del tabaco y el alcohol -incluyendo fake news,
figuras influyentes y discursos pseudocientíficos- que han contribuido a consolidar actitudes
permisivas entre los estudiantes universitarios. A ello se suman los procesos de socialización propios
de esta etapa vital, donde la presión del grupo de iguales y las normas sociales percibidas -como la
frecuencia de consumo entre compañeros y la aprobación implícita o explícita del mismo- pueden
desempeñar un papel clave en el inicio y mantenimiento del consumo de cannabis (Blavos et al., 2017;
Borsari y Carey, 2001; Litt et al., 2012).
Otro aspecto especialmente relevante en relación con el consumo problemático es el incremento en
la potencia del cannabis debido al aumento en la concentración de tetrahidrocannabinol (THC),
principal componente psicoactivo de la planta. Estudios recientes han señalado que un mayor
contenido de THC incrementa significativamente los riesgos de dependencia, problemas cognitivos y
trastornos mentales, incluyendo ansiedad, depresión y síntomas psicóticos (Colizzi y Bhattacharyya,
2017; Di Forti et al., 2009; Hall y Degenhardt, 2009). Este aumento en la potencia del cannabis podría,
por lo tanto, contribuir directamente al incremento del consumo problemático y sus consecuencias
negativas en la población universitaria (Mahamad et al., 2020; Matheson y Le Foll, 2020). Además, las
nuevas formas de consumo, como las pipas de agua o cachimbas, están ganando popularidad entre
los jóvenes, generando la falsa percepción de que son métodos más seguros. Sin embargo, estas
prácticas aumentan significativamente los riesgos para la salud al incrementar la exposición a
sustancias tóxicas derivadas del carbón empleado en la combustión, como metales pesados y
monóxido de carbono, además de multiplicar la exposición a nicotina y THC, incrementando así el
potencial adictivo y los daños asociados (Albisser et al., 2013; Cobb et al., 2011; Primack et al., 2016).
Diversos factores sociodemográficos han mostrado una fuerte asociación con el consumo
problemático de cannabis, destacando especialmente el sexo masculino, aunque esta diferencia de
género parece reducirse progresivamente en contextos sociales que promueven roles de género más
equitativos (Hemsing y Greaves, 2020). Además, se ha descrito que la transición del uso inicial al
consumo regular puede ser más rápida en las mujeres, fenómeno conocido como "efecto telescópico"
(Kerridge et al., 2018; Khan et al., 2013), y que las mujeres presentan una mayor sensibilidad subjetiva
a los efectos del cannabis, especialmente a dosis bajas (Cooper y Haney, 2014; Fogel et al., 2017). Por
otro lado, aunque los hombres tienden a consumir cannabis con mayor frecuencia y en dosis más
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elevadas (Carliner et al., 2017), también se ha observado que algunas mujeres utilizan el cannabis
como una forma de resistencia simbólica a los roles de género tradicionales (Dahl y Sandberg, 2014).
Asimismo, otros factores como la orientación sexual también han mostrado ser relevantes,
evidenciándose una mayor vulnerabilidad en estudiantes no heterosexuales, posiblemente asociada
al estrés minoritario y otras dificultades psicosociales (Marshal et al., 2008; Redondo-Martín et al.,
2022). Las personas transgénero, en particular, pueden recurrir al consumo de cannabis como
estrategia de afrontamiento frente a situaciones de estigmatización (Cotaina et al., 2022; González et
al., 2017; Reisner et al., 2015).
Adicionalmente, la literatura científica ha evidenciado patrones frecuentes de policonsumo asociados
al uso de cannabis en jóvenes universitarios, que incluyen tanto sustancias legales como tabaco,
alcohol y bebidas energéticas como ilegales, entre ellas cocaína, anfetaminas e hipnosedantes (Arria
et al., 2011; Patrick et al., 2016; Hernández-Serrano et al., 2018). En particular, el consumo combinado
de alcohol con bebidas energéticas se ha consolidado como una práctica altamente prevalente en
contextos de ocio nocturno, especialmente entre los varones, debido a su efecto estimulante y a la
falsa percepción de control que genera. Según la Encuesta sobre alcohol y otras drogas en España
(EDADES, 2024), más del 40 % de los hombres de 15 a 24 años ha realizado este tipo de consumo en
el último mes, lo que pone de relieve su grado de normalización y su potencial para aumentar los
riesgos asociados al uso intensivo de sustancias. Diversos estudios han asociado esta combinación con
una mayor probabilidad de intoxicaciones, conductas desinhibidas, prolongación del consumo y
prácticas sexuales de riesgo (Arria et al., 2011; OEDA, 2023). En conjunto, estos patrones de
policonsumo incrementan la gravedad clínica del fenómeno, reducen la percepción de riesgo y
complejizan notablemente la implementación de estrategias preventivas eficaces (Hernández-Serrano
et al., 2015; Moss et al., 2014; Moure-Rodríguez et al., 2016).
Desde una perspectiva psicológica, el consumo problemático de cannabis se ha asociado de manera
consistente con diversos rasgos individuales, entre los que destacan la impulsividad, el neuroticismo
y la apertura a la experiencia, así como con una mayor vulnerabilidad a trastornos psiquiátricos,
especialmente síntomas de depresión, ansiedad y psicosis (Hasin, 2018; Kotov, et al., 2010; Naegele
et al., 2022). Por otra parte, ciertos estudios destacan la existencia de mecanismos fisiológicos y
sociales que pueden explicar el uso simultáneo o complementario de cannabis con otras sustancias,
principalmente alcohol, generando patrones complejos de policonsumo en contextos sociales como
los universitarios (Hall y Lynsky, 2005; O'Hara et al., 2016).
Desde una perspectiva teórica, el presente estudio se enmarca en modelos explicativos del uso
problemático de sustancias que integran factores individuales, sociales y estructurales.
En primer lugar, el modelo de vulnerabilidad-estrés (Ingram y Luxton, 2005; Khantzian, 1997) permite
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comprender cómo determinadas características individuales como la impulsividad, el neuroticismo
o una edad temprana de inicio interactúan con factores contextuales estresantes, como las
exigencias académicas o la presión social, aumentando la probabilidad de desarrollar patrones de
consumo problemático. En el contexto universitario, estas condiciones se intensifican por la transición
hacia la autonomía y por la exposición a entornos de ocio normalizados en torno al uso de sustancias
(Simons et al., 2005).
Asimismo, se incorpora el modelo de regulación afectiva del consumo de sustancias (Baker et al.,
2004; Weis et al., 2022), que plantea que muchas personas consumen drogas como estrategia de
afrontamiento ante emociones negativas o sintomatología depresiva. Esta hipótesis cobra especial
relevancia en jóvenes universitarios, entre quienes se ha documentado una relación consistente entre
malestar emocional y consumo de cannabis (Gobbi et al., 2019; Lev-Ran et al., 2014).
Desde una perspectiva interseccional (Crenshaw, 1991), se considera además que variables como el
género y la orientación sexual pueden interactuar con los factores mencionados, generando
vulnerabilidades específicas. El estrés de las minorías (Meyer, 2003) proporciona un marco explicativo
sólido para entender el mayor riesgo observado en población LGTBI, derivado de experiencias
acumuladas de estigmatización o discriminación. Estudios previos han señalado que estas condiciones
pueden favorecer el uso de cannabis como forma de regulación emocional o respuesta al rechazo
social (Cotaina et al., 2022; Aguayo et al., 2025). Los hallazgos de Schilt-Solberg et al. (2025) refuerzan
esta perspectiva, al mostrar que los trastornos por consumo de sustancias son significativamente más
prevalentes entre personas que se sitúan en la intersección de múltiples identidades marginadas. En
particular, su análisis evidenció que las personas LGTBI de grupos históricamente marginados por su
origen étnico o de raza, presentan un mayor riesgo acumulado de desarrollar patrones de consumo
problemático, subrayando la necesidad de enfoques preventivos sensibles al contexto social, cultural
e identitario.
Por último, el policonsumo puede explicarse desde una perspectiva conductual y neurobiológica,
donde el uso de múltiples sustancias se interpreta como un patrón que intensifica los efectos
reforzantes, reduciendo la percepción de riesgo y dificultando las intervenciones preventivas,
generando una mayor gravedad clínica y un peor pronóstico (Hall y Lynskey, 2005; O’Hara et al., 2016).
En resumen, dada la relevancia del consumo problemático de cannabis entre estudiantes
universitarios y la complejidad de factores sociodemográficos, psicológicos y contextuales asociados,
resulta fundamental disponer de investigaciones específicas que profundicen en estas relaciones.
Particularmente en contextos regionales como Galicia, disponer de evidencia empírica precisa
permitirá diseñar políticas y estrategias preventivas eficaces, adaptadas a las características culturales
y sociales propias de este colectivo universitario.
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Objetivo general:
Analizar la tasa del consumo problemático de cannabis e identificar los factores diferenciales
asociados, incluyendo los patrones de policonsumo y las variables predictoras del mismo, en
estudiantes universitarios gallegos.
Objetivos específicos:
1. Determinar la tasa y las diferencias por sexo y orientación sexual en el consumo problemático
de cannabis entre los estudiantes universitarios.
2. Identificar patrones de policonsumo asociados al consumo problemático de cannabis en la
población universitaria analizada.
3. Examinar la relación entre la edad de inicio en el consumo de cannabis y otras sustancias, con
el desarrollo posterior de un consumo problemático.
4. Evaluar la correlación existente entre el consumo problemático de cannabis (CAST) y el
consumo problemático de alcohol (AUDIT) y otras sustancias (CRAFFT).
5. Analizar las diferencias en conductas de riesgo y patrones de consumo en espacios recreativos
(binge drinking, borracheras, consumo combinado con bebidas energéticas) según el grado de
consumo problemático de cannabis.
6. Identificar los factores predictivos del consumo problemático de cannabis mediante un
modelo de regresión logística binaria, incorporando variables sociodemográficas, de consumo
y sintomatología depresiva
MÉTODO
Diseño del estudio y participantes
Se trata de un estudio descriptivo, observacional y transversal, realizado mediante una metodología
selectiva. La población de estudio estuvo formada por estudiantes de tres universidades de la
Comunidad Autónoma de Galicia (España). Los datos se recogieron durante el curso académico
2023/2024 mediante un cuestionario en línea autoadministrado. La participación fue voluntaria y no
remunerada. Se garantizó la confidencialidad de las respuestas en todo momento.
Se utilizó un muestreo de conveniencia, partiendo inicialmente de 1947 participantes. Los criterios de
inclusión requerían que los estudiantes estuviesen matriculados en alguna de las tres universidades
gallegas (Universidad de Santiago de Compostela -USC-, Universidad de A Coruña -UDC- y Universidad
de Vigo -UVigo-) y que tuviesen edades comprendidas entre los 18 y los 35 años. Tras la revisión de
los datos, 154 participantes fueron excluidos por no cumplir estos criterios o por abandono posterior,
resultando una muestra final de 1790 estudiantes. La muestra presenta una edad media de 20,95 años
(DT = 2,642), con una distribución por sexo del 73,5% mujeres y 26,5% hombres. En cuanto a la
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orientación sexual, el 73,8% se identificó como heterosexual, el 4% como homosexual, el 21,3% como
bisexual y el 0,9% restante indicó otras orientaciones. La mayoría de los participantes fueron de
nacionalidad española (98%), siendo el 2% restante de otras nacionalidades.
Instrumentos
Los datos fueron recogidos mediante un cuestionario elaborado expresamente para el presente
estudio, el cual estuvo estructurado en cuatro bloques diferenciados:
1. Un primer bloque compuesto por preguntas incluyó ítems seleccionados de la EDADES
(2022) de la Delegación del gobierno para el PNSD. Este bloque recopiló información relativa
a los patrones de consumo de alcohol y otras sustancias en población general.
2. Un segundo bloque compuesto por cuatro instrumentos específicos de cribado:
El Alcohol Use Disorders Identification Test (AUDIT) desarrollado por la Organización
Mundial de la Salud (OMS) como un método simple de screening del consumo
problemático de alcohol (Saunders et al., 1993). Consta de 10 ítems con una escala de
respuesta tipo Likert de frecuencia (de 0 a 4). La puntuación global puede oscilar entre 0
y 40. Se utilizaron los puntos de corte 8 para hombres y 6 para mujeres, validados en
España con estudiantado universitario (García Carretero et al. 2016). Este instrumento
mostró en el presente estudio una buena consistencia interna (α = .82).
El Cannabis Abuse Screening Test (CAST) (Legleye et al., 2011), orientado al cribado del
consumo problemático de cannabis, con una elevada consistencia interna = .85). La
CAST valora el potencial consumo problemático al evaluar la frecuencia de 6
acontecimientos en los pasados 12 meses: con una escala de respuesta tipo Likert (de 0
a 4). Las puntuaciones de la CAST pueden ir de 0 a 24 puntos, y han sido relacionadas con
la probabilidad de presentar un consumo problemático de cánnabis: riesgo bajo (≤ 3),
moderado (4-6) y alto (≥ 7) (Blankers et al., 2014).
El cuestionario CRAFFT Abuse Screening Test traducido al español y validado por Rial et
al. (2019). El test viene precedido por tres ítems que actúan de filtro. El test en está
constituido por seis ítems dicotómicos que son puntuados de 0 a 1 (No:0/Sí:1). La
puntuación total de la escala oscila entre 0 y 6, y el punto de corte establecido para
determinar el consumo problemático de drogas en general es 2 (Rial et al., 2019).
Consistencia interna moderada (α = .62).
3. Finalmente, un tercer bloque que recogió información sobre variables sociodemográficas
relevantes, tales como el sexo, la edad y la orientación sexual, consideradas relevantes en el
contexto del estudio.
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Procedimiento
La recogida de los datos se realizó durante los meses de febrero y abril del 2024, en las aulas de las
diferentes facultades de la UVigo, USC y UDC. La distribución del cuestionario se llevó a cabo de
manera presencial, con el objetivo de minimizar las pérdidas. Para ello, se acudió a los distintos
centros, previo contacto presencial, por email o llamada telefónica y autorización del profesorado de
cada grupo. Alse presentó un código QR con el que se accede directamente al cuestionario para su
cumplimentación.
Los criterios de exclusión aplicados fueron la ausencia de consentimiento para participar en el estudio
y la presencia de patrones de respuesta incoherentes. También se excluyeron todos aquellos
estudiantes pertenecientes a otras universidades.
Los participantes fueron informados previamente de la finalidad del estudio. Su participación fue
voluntaria y se garantiza su anonimato y la confidencialidad de sus respuestas en todo momento. No
se registraron dudas ni dificultades a la hora de la cumplimentación. El tiempo de realización del
cuestionario oscilaba entre los 15 y 20 minutos. El estudio contó con el consentimiento del
profesorado de cada grupo, así como de la aprobación del Comité de Bioética de la Universidad de
Santiago de Compostela (USC 70/2023).
Análisis de datos
Antes del análisis propiamente dicho, se procedió a depurar los datos. Se analila presencia de
patrones de respuesta incoherentes y de datos ausentes. El análisis de los valores perdidos se realizó
comprobando que la falta de respuesta en ninguna de las variables del cuestionario superaba el 10 %
y que la distribución de los casos perdidos seguía una distribución aleatoria.
Posteriormente, se realizó un análisis descriptivo mediante el cálculo de frecuencias y porcentajes, así
como estadísticos de tendencia central y dispersión. Por último, se realizó una tabulación bivariante,
con pruebas de independencia Chi-cuadrado (X2) y coeficiente V de Cramer para valorar el grado de
asociación entre variables cualitativas y prueba T de Student para comparar variables cuantitativas.
Para estudiar la correlación entre las puntuaciones de los distintos cuestionarios, se calculó el
coeficiente R de Pearson. Finalmente, con el objetivo de identificar los predictores más relevantes del
consumo problemático de cannabis, se realizó un análisis de regresión logística binaria, considerando
como variable dependiente la puntuación positiva en el CAST. Esta aproximación multivariante
permitió complementar los análisis descriptivos y bivariantes, y dar respuesta a los objetivos
específicos mediante un modelo explicativo que integrara variables sociodemográficas, patrones de
consumo y sintomatología emocional. Se consideró estadísticamente significativo un valor (p<0,05).
Los análisis se realizaron con el paquete estadístico IBM SPSS Statistics 25.
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RESULTADOS
Tal y como se observa en la Tabla 1, los datos obtenidos revelan una elevada tasa en el consumo de
sustancias psicoactivas entre el estudiantado universitario gallego, con diferencias estadísticamente
significativas en función del sexo. En el análisis del consumo durante el último año, el alcohol fue la
sustancia más consumida (87,3%), sin diferencias significativas entre mujeres (88,1%) y hombres
(85,1%). El consumo de tabaco (32%), vapers (23,5%) y tabaco en cachimba (30,5%) mostró una tasa
intermedia, también sin diferencias significativas por sexo (p > .05).
En cuanto a sustancias ilegales, el consumo de cannabis fue significativamente más frecuente en
hombres (21,1%) que en mujeres (15,7%) (χ²=7,035; p=.008; V=.063). Este patrón se repitió para el
consumo de cocaína (2,3% en hombres vs. 0,5% en mujeres; χ²=11,190; p<.001; V=.079) y anfetaminas
(2,9% vs. 1,1%; χ²=7,183; p=.007; V=.063). Por el contrario, el consumo de hipnosedantes fue marginal
y no presentó diferencias significativas por sexo.
Tabla 1
Porcentajes de consumo de sustancias por sexo
GLOBAL
(%)
MUJERES
(%)
HOMBRES
(%)
X2
V CRAMER
Último año
Alcohol
87,3
88,1
85,1
2,898 (,089)
-
Tabaco
32
32,8
29,7
1,536 (,215)
-
Vappers
23,5
23,7
22,9
0,075 (,785)
-
Cannabis
17,1
15,7
21,1
7,035 (,008)
,063
Cocaína
1
0,5
2,3
11,190 (<,001)
,079
Anfetaminas
1,6
1,1
2,9
7,183 (,007)
,063
Hipnosedantes
1,1
1,1
1,1
0,000 (,986)
-
Tabaco en cachimba
30,5
30,4
30,5
0,002 (,967)
-
Cannabis en cachimba
10
9,7
10,7
0,408 (,523)
-
Alcohol con Bebidas energéticas (a)
46,3
44,2
52,4
9,588 (,002)
,073
Jarabe violeta (b)
1,8
1,3
3,4
8,350 (,004)
,068
Borracheras
60,8
59,1
65,5
5,942 (,015)
,058
Binge drinking (c)
34,6
30,7
45,5
33,905 (<,001)
,138
Botellón
69,8
71,2
66,1
4,303 (,038)
,049
Último mes
Alcohol
66,9
66,2
68,8
1,071 (,301)
-
Tabaco
22,1
22
22,3
0,020 (,888)
-
Vappers
7
7,1
6,7
0,039 (,844)
-
Cannabis
7,8
6,8
10,3
5,938 (,015)
,058
Cocaína
0,5
0,2
1,3
7,497 (,006)
,065
Anfetaminas
0,6
0,5
0,8
0,554 (,457)
-
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Hipnosedantes
0,3
0,5
0
2,170 (,141)
-
Tabaco en cachimba
5,6
5,5
5,7
0,014 (,906)
-
Cannabis en cachimba
1,5
1,4
1,5
0,003 (,960)
-
Alcohol con Bebidas energéticas (a)
15,8
15,4
17,1
0,714 (,398)
-
Jarabe violeta (b)
0.2
0,2
0
1,083 (,298)
-
Borracheras
32
29
40,2
20,240 (<,001)
,106
Binge drinking (c)
10,9
8,7
16,8
23,733 (<,001)
,115
Botellón
27
26,6
28,2
0,461 (,497)
-
Consumos de riesgo
AUDIT + (d)
40,5
41,4
38,1
1,598 (,206)
-
CAST + (e)
4,7
4
6,7
5,702 (,017)
,056
CRAFFT + (f)
51,3
52,1
48,8
1,506 (,220)
-
(a) Jägermeister con Red Bull/Monster. (b) Purple drank, Lean o Sizzurp. (c) 6 o más bebidas alcohólicas en un mismo episodio. (d) Positivos en
el AUDIT. (e) Positivos en el CAST. (f) Positivos en el CRAFFT.
En relación con los patrones de consumo asociados a contextos de ocio y recreativos, el consumo de
alcohol combinado con bebidas energéticas fue s habitual en hombres (52,4%) que en mujeres
(44,2%) (χ²=9,588; p=.002; V=.073). Asimismo, el consumo de "jarabe violeta" o purple drank, aunque
minoritario, fue más común en varones (3,4% vs. 1,3%; χ²=8,350; p=.004; V=.068). Conductas de
consumo intensivo como las borracheras (65,5% hombres vs. 59,1% mujeres; χ²=5,942; p=.015;
V=.058) y el binge drinking (45,5% vs. 30,7%; χ²=33,905; p<.001; V=.138) fueron significativamente
más frecuentes entre los varones.
Por otro lado, la práctica del botellón fue algo más común en mujeres (71,2% vs. 66,1%), con una
diferencia también significativa (χ²=4,303; p=.038; V=.049).
En relación con el consumo en el último mes, se observó una reducción generalizada en las tasas
respecto al último año. El alcohol continuó siendo la sustancia más consumida (66,9%), seguido del
tabaco (22,1%) y el cannabis (7,8%). Nuevamente, se encontraron diferencias por sexo en el consumo
de cannabis (10,3% en hombres vs. 6,8% en mujeres; χ²=5,938; p=.015; V=.058) y cocaína (1,3% vs.
0,2%; χ²=7,497; p=.006; V=.065), así como en la frecuencia de borracheras (40,2% vs. 29%; χ²=20,240;
p<.001; V=.106) y binge drinking (16,8% vs. 8,7%; χ²=23,733; p<.001; V=.115), siendo siempre
superiores en varones. El resto de las sustancias y conductas no mostró diferencias estadísticamente
significativas entre sexos (p > .05).
Por último, los indicadores de consumo de riesgo no evidenciaron diferencias significativas en el
AUDIT (41,4% mujeres vs. 38,1% hombres; χ²=1,598; p=.206) ni en el CRAFFT (52,1% vs. 48,8%;
χ²=1,506; p=.220). Sin embargo, el porcentaje de positivos en el CAST fue mayor en hombres (6,7%)
que en mujeres (4%), con una diferencia estadísticamente significativa (χ²=5,702; p=.017; V=.056).
La Tabla 2 muestra el análisis de las diferencias en el consumo problemático de cannabis, evaluado
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mediante la puntuación positiva en el CAST, el cual revela variaciones significativas en función del
sexo. En concreto, el 6,7% de los varones presentó puntuaciones compatibles con consumo
problemático, frente al 4% de las mujeres. Esta diferencia resultó estadísticamente significativa (χ² =
5,070; p = .017), con un tamaño del efecto bajo (V de Cramer = .056), lo que sugiere una mayor tasa
de uso problemático en hombres universitarios.
Tabla 2
Diferencias en el consumo problemático de cannabis en función del sexo y la orientación sexual
CAST+ (%)
V Cramer
4
,056
6,7
4,1
-
6,9
6,8
En cuanto a la orientación sexual, se observó una mayor proporción de consumo problemático de
cannabis entre los participantes que se identificaron como homosexuales (6,9%) y bisexuales (6,8%)
en comparación con los heterosexuales (4,1%). No obstante, estas diferencias no alcanzaron
significación estadística (χ² = 6,436; p = .092), aunque se aproxima al umbral de significación, lo que
podría indicar una tendencia relevante que merece exploración en futuras investigaciones con
muestras más equilibradas en términos de diversidad sexual.
La tabla 3, muestra el análisis de los patrones de consumo de sustancias en el último mes mostrando
diferencias significativas entre el estudiantado universitario con puntuaciones positivas en el CAST
(CAST+) y aquellos sin consumo problemático (CAST−). Los resultados reflejan una clara tendencia al
policonsumo entre quienes presentan un uso problemático de cannabis. El grupo CAST+ reportó tasas
significativamente más elevadas de consumo mensual de alcohol (78,8% vs. 66,3%; χ² = 5,705; p
= .017; V = .017) y de participación en borracheras (51,1% vs. 30,9%; χ² = 20,151; p < .001; V = .106),
así como en episodios de binge drinking (22,4% vs. 10,3%; χ² = 12,127; p < .001; V = .082). Estas
diferencias sugieren una mayor implicación en patrones de consumo intensivo de alcohol por parte
del grupo CAST+.
Las diferencias fueron aún más pronunciadas en relación con el tabaco (76,5% vs. 19,4%; χ² = 153,368;
p < .001; V = .292), con un tamaño del efecto alto, y en el uso de vapers (20,5% vs. 6,4%; χ² = 11,462;
p < .001; V = .108). También se observaron diferencias sustanciales en el consumo de anfetaminas
(5,9% vs. 0,4%; χ² = 40,626; p < .001; V = .151), cocaína (4,7% vs. 0,3%; χ² = 31,575; p < .001; V = .133),
e hipnosedantes (2,4% vs. 0,2%; χ² = 10,899; p < .001; V = .078), todos significativamente más
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frecuentes en el grupo CAST+.
El consumo de tabaco en cachimba (22,4% vs. 4,7%; χ² = 47,684; p < .001; V = .163) y de cannabis en
cachimba (15,3% vs. 0,8%; χ² = 119,671; p < .001; V = .258) también fue notablemente mayor entre
los estudiantes con uso problemático de cannabis. De igual forma, se observó una diferencia
significativa en el consumo de alcohol combinado con bebidas energéticas (29,4% vs. 15,2%; χ² =
12,330; p < .001; V = .083), lo que refuerza el patrón de policonsumo.
En contraste, el consumo de jarabe violeta (purple drank) no presentó diferencias estadísticamente
significativas entre grupos (0% vs. 0,2%; χ² = 0,150; p = .699).
Tabla 3
Diferencias en el consumo de sustancias en el último mes entre los estudiantes con CAST+ y CAST-
Último mes
CAST+
Sí (%)
No (%)
X² (p)
V Cramer
Alcohol
78,8
66,3
5,705 (,017)
,0,17
Tabaco
76,5
19,4
153,368 (<,001)
,292
Vappers
20,5
6,4
11,462 (<,001)
,108
Cocaína
4,7
0,3
31,575 (<,001)
,133
Anfetaminas
5,9
0,4
40,626 (<,001)
,151
Hipnosedantes
2,4
0,2
10,899 (<,001)
,078
Tabaco en
cachimba
22,4
4,7
47,684 (<,001)
,163
Cannabis en
cachimba
15,3
0,8
119,671 (<,001)
,258
Alcohol con
bebidas
energéticas (a)
29,4
15,2
12,330 (<,001)
,083
Jarabe Violeta
(a)
0
0,2
0,150 (,699)
-
Borracheras
51,1
30,9
20,151 (<,001)
,106
Binge Drinking
(a)
22,4
10,3
12,127 (<,001)
,082
Botellón
49,4
25,9
22,679 (<,001)
,113
En la tabla 4, se compararon las edades medias de inicio en el consumo de diversas sustancias entre
el estudiantado universitario con puntuaciones positivas en el CAST (CAST+) y aquellos sin indicios de
consumo problemático (CAST−). Los resultados muestran diferencias estadísticamente significativas
en varias sustancias clave. De ahí que, los estudiantes con CAST+ iniciaron el consumo de alcohol a
una edad media significativamente más temprana (M = 14,67) en comparación con los CAST− (M =
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15,78), siendo esta diferencia altamente significativa (t = 5,945; p < .001). De forma similar, el inicio
en el consumo de tabaco también fue más precoz en el grupo CAST+ (M = 15,55) frente al grupo CAST−
(M = 16,55), con diferencias significativas (t = 4,282; p < .001).
Tabla 4
Diferencias en las edades medias de inicio entre los estudiantes con CAST+ y CAST-
Edad media de inicio en el consumo
de…
CAST +
No
t student (p)
Alcohol
14,67
15,78
5,945 (<,001)
Tabaco
15,55
16,55
4,282 (<,001)
Vappers
18,15
18.69
0,857 (,199)
Cannabis
16,42
17,51
5,04 (<,001)
Cocaína
19,74
19,42
0,471 (,320)
Anfetaminas
20,10
19,27
1,062 (,146)
Hipnosedantes
18,93
18,43
0,476 (<,318)
Borracheras
15,46
16,63
5,950 (<,001)
En el caso del cannabis, sustancia evaluada específicamente por el test CAST, se observó una
diferencia clara: los consumidores problemáticos comenzaron antes su consumo (M = 16,42) en
comparación con quienes no presentaban consumo problemático (M = 17,51), con diferencias
significativas (t = 5,040; p < .001).
También se encontraron diferencias significativas en la edad de inicio de las borracheras, más
temprana entre los CAST+ (M = 15,46) que entre los CAST− (M = 16,63) (t = 5,950; p < .001), lo cual
refuerza la relación entre patrones de consumo precoz y mayor riesgo de desarrollar un uso
problemático. En contraste, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la edad
de inicio del consumo de vapers (t = 0,857; p = .199), cocaína (t = 0,471; p = .320), anfetaminas (t =
1,062; p = .146) ni hipnosedantes (t = 0,476; p = .318), aunque los valores medios en todas estas
sustancias también fueron consistentemente más bajos en el grupo CAST+.
Con el objetivo de explorar la relación entre distintos tipos de consumo problemático de sustancias
(Tabla 5), se analizaron las correlaciones entre las puntuaciones obtenidas en los cuestionarios CAST
(consumo problemático de cannabis), AUDIT (consumo problemático de alcohol) y CRAFFT (uso
problemático de sustancias con consecuencias conductuales o emocionales). Los resultados
evidenciaron una correlación positiva y significativa entre las puntuaciones del CAST y del AUDIT (r
= .110; p < .001), lo que sugiere una relación directa, aunque débil entre el consumo problemático de
cannabis y el consumo problemático de alcohol. Asimismo, se observó una correlación ligeramente
más elevada entre el CAST y el CRAFFT (r = .191; p < .001), indicando una asociación moderada entre
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el consumo problemático de cannabis y un patrón más amplio de uso de sustancias con implicaciones
psicosociales. Ambas correlaciones, aunque de magnitud baja, fueron estadísticamente significativas,
lo que respalda la hipótesis de una coocurrencia parcial entre distintos tipos de consumo
problemático, especialmente en etapas universitarias, y subraya la utilidad de utilizar herramientas
de cribado complementarias para la detección precoz de casos de riesgo.
Tabla 5
Correlación entre las puntuaciones del CAST, el AUDIT y el CRAFFT
CAST
Coeficiente R Pearson
AUDIT
,110 (p<,001)
CRAFFT
,191 (p<,001)
Con el propósito de identificar los factores asociados al consumo problemático de cannabis en
estudiantes universitarios, se realizó una regresión logística binaria, considerando como variable
dependiente el resultado en el CAST (positivo vs. negativo). El modelo fue estadísticamente
significativo, explicando entre el 9,1 % (R² de Cox y Snell) y el 18,5 % (R² de Nagelkerke) de la varianza
en la probabilidad de obtener una puntuación positiva en dicho instrumento. La tasa de clasificación
global alcanzó el 89,3 %, con una alta especificidad (99,0 %) pero una sensibilidad reducida (7,2 %), lo
que limita su capacidad para detectar de forma adecuada los casos positivos.
Tabla 6
Regresión logística binaria sobre la probabilidad de puntuación positiva en el CAST
Variable
B
EE
Wald
gl
p
OR
Sexo
.723
.278
6.739
1
.009
2.060
Edad 1ª vez cannabis
.219
.077
8.041
1
.005
.803
Cachimba/tabaco mensual
.971
.319
9.248
1
.002
2.639
Puntuación total AUDIT
.051
.024
4.406
1
.036
1.052
Anfetaminas
(alguna vez en la vida)
1.304
.360
13.121
1
<.001
3.683
PHQ-9 total
.061
.018
10.945
1
<.001
1.063
Nota: EE = error estándar. OR = odds ratio.
Se identificaron como predictores significativos del consumo problemático de cannabis: el sexo
masculino, la edad de inicio más temprana en el consumo de cannabis, el consumo de tabaco en
cachimba en el último mes, el nivel de consumo problemático de alcohol (AUDIT), el consumo de
anfetaminas alguna vez en la vida y la presencia de sintomatología depresiva (PHQ-9).
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DISCUSIÓN
Los resultados de este estudio confirman una elevada tasa en el consumo de sustancias psicoactivas
entre el estudiantado universitario gallego, destacando el alcohol como la sustancia más consumida
(87,3%). Este hallazgo se corresponde con los datos de la EDADES, que subrayan el papel central del
alcohol en los patrones de consumo juvenil y su fuerte arraigo en contextos de socialización (OEDA,
2023). La ausencia de diferencias significativas por sexo en el consumo general de alcohol sugiere una
convergencia progresiva en los patrones de uso en espacios recreativos, efecto atribuido a la
transformación de normas sociales y el acceso igualitario a los espacios de ocio (Hemsing y Greaves,
2020). No obstante, los resultados también muestran que los varones presentan una mayor
implicación en las prácticas de consumo intensivo, como las borracheras (60,8%) y el binge drinking
(34,6%). Este patrón concuerda con estudios que identifican un perfil masculino más proclive a la
intoxicación intencionada y la desinhibición, con menor percepción de riesgo y mayor tolerancia social
(Patrick y Terry-McElrath, 2017; Moure-Rodríguez et al., 2016; White et al., 2018).
En cuanto al consumo de tabaco se observan tasas relevantes de consumo ya sea mediante cigarrillos
convencionales (32%), vapers (23,5%) o tabaco en cachimba (30,5%). Aunque no se encontraron
diferencias significativas entre sexos, este fenómeno puede interpretarse como una muestra de la
normalización del uso de productos de nicotina, especialmente en contextos de ocio y lúdicos. La
percepción errónea de menor riesgo asociada a las cachimbas -pese a la evidencia contraria (Primack
et al., 2016) puede facilitar la transición hacia otras sustancias, como el cannabis, al contribuir a la
normalización del consumo inhalado y minimizar la percepción de daño.
El consumo de cannabis resultó significativamente más elevado entre los varones (21,1 %) en
comparación con las mujeres (15,7 %), una diferencia que también se replicó en el uso de estimulantes
como la cocaína (2,3 % frente a 0,5 %) y las anfetaminas (2,9 % frente a 1,1 %). Aunque los tamaños
del efecto fueron moderados, la consistencia del patrón observado confirma una mayor propensión
al policonsumo en los hombres universitarios, en línea con investigaciones previas (Hasin, 2018;
Hawke et al., 2020; Redondo-Martín et al., 2022). En esta misma línea, destaca la alta prevalencia del
consumo combinado de alcohol con bebidas energéticas, significativamente más frecuente en varones
(52,4 %), lo que evidencia su normalización entre los jóvenes. Esta práctica ha sido vinculada a una
mayor impulsividad, desinhibición conductual, mayor riesgo de intoxicaciones, prolongación de la
ingesta y aparición de conductas sexuales de riesgo (Arria et al., 2011; Patrick et al., 2016; OEDA,
2023).
El análisis de los consumos en el último mes muestra un descenso esperable respecto al año anterior,
coherente con la tendencia general de uso más episódico en contextos académicos. Sin embargo, se
mantienen diferencias significativas por sexo en el consumo de cannabis, cocaína y en los patrones
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intensivos de alcohol, como el binge drinking y las borracheras, lo que apunta a una mayor persistencia
y continuidad del consumo en los varones. Este hallazgo se alinea con investigaciones previas que han
documentado una mayor estabilidad en los patrones de consumo masculino y una menor percepción
de riesgo asociada a estas prácticas (Moure-Rodríguez et al., 2016; OEDA, 2022), así como una mayor
tolerancia social hacia la intoxicación intencionada en contextos de ocio entre jóvenes (Patrick y Terry-
McElrath, 2017).
Uno de los hallazgos s relevantes se refiere al consumo problemático de cannabis, evaluado
mediante el CAST. Aunque el porcentaje global fue moderado (4,7%), se detectaron diferencias
significativas por sexo, con una mayor proporción de varones que alcanzaron puntuaciones indicativas
de riesgo elevado (6,7 % frente a 4 %). Este patrón resulta coherente con estudios que evidencian una
mayor propensión masculina a desarrollar dependencia y dificultades asociadas al uso frecuente de
cannabis, incluyendo deterioro funcional, comorbilidad psicológica y menor percepción del riesgo
(Naegele et al., 2022; Hernández-Serrano et al., 2018). Diversos trabajos han documentado que el
consumo problemático de cannabis se asocia con ficits neurocognitivos (atención, memoria de
trabajo, funciones ejecutivas), afectación motivacional, incremento de ntomas ansioso-depresivos,
y mayor probabilidad de abandono académico o deterioro funcional (Volkow et al., 2016; Hasin, 2018;
Gobbi et al., 2019). Además, el uso frecuente en etapas juveniles se vincula con un mayor riesgo de
cronificación del consumo y menor eficacia del tratamiento a largo plazo. Estos datos refuerzan la
utilidad del CAST para captar perfiles específicos de riesgo (Naegele et al., 2022; Cotaina et al., 2022),
especialmente en poblaciones juveniles, como han demostrado validaciones recientes en España (Rial
et al., 2022), y justifican su incorporación sistemática en estrategias de cribado temprano.
El análisis del policonsumo permite trazar un perfil específico entre el grupo CAST+, caracterizado por
una combinación intensiva de sustancias legales e ilegales: tabaco (76,5%), alcohol (78,8%),
borracheras (51,1%) y binge drinking (22,4%), entre otras. Este patrón concuerda con estudios que
asocian el policonsumo a mayor gravedad clínica en jóvenes consumidores de cannabis (Martínez-
Loredo et al., 2018; Hernández-Serrano et al., 2018). Especial atención merece el uso de tabaco, no
solo por su elevada tasa, sino por su papel coadyuvante en la consolidación de trayectorias de
consumo problemático de cannabis. En Europa, el consumo conjunto de ambas sustancias en forma
de “porros” es altamente prevalente, especialmente entre adolescentes y jóvenes adultos (Hindocha
et al., 2015). Esta práctica no solo facilita el inicio del consumo de cannabis entre fumadores
habituales, sino que también refuerza funcionalmente la dependencia a ambas sustancias, al
potenciar los efectos hedónicos e incrementar la dificultad para su abandono (Agrawal y Lynskey,
2009). A nivel conductual y preventivo, este patrón combinado ha sido identificado como uno de los
principales obstáculos para la cesación en población universitaria, en parte debido a su fuerte
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normalización y baja percepción de riesgo (Villanueva et al., 2022). El grupo CAST+ también muestra
consumos significativamente mayores de estimulantes, depresores y dispositivos como cachimbas, lo
que apunta a un uso polimodal funcionalizado, es decir, orientado a finalidades específicas según el
contexto, como el ocio, el afrontamiento emocional o el rendimiento académico (Arria et al., 2017).
Estos hallazgos pueden interpretarse a la luz del modelo de vulnerabilidad-estrés (Ingram y Luxton,
2005), en el que la combinación de factores individuales como la impulsividad o el malestar emocional
y contextuales como el acceso a sustancias o la presión grupal, incrementan el riesgo de consumo
problemático.
Asimismo, esta pauta de consumo orientada con finalidades subjetivas puede entenderse también
desde el modelo de autoadministración emocional (Baker et al., 2004), que plantea que el consumo
de sustancias actúa como una estrategia de afrontamiento ante el malestar emocional. En este
sentido, la elevada prevalencia de síntomas depresivos en el grupo CAST+ podría estar desempeñando
un papel central en la motivación del uso de cannabis, especialmente cuando este es percibido como
un medio rápido y accesible para gestionar estados emocionales negativos o el estrés académico y
social.
Los datos presentados en la tabla 4 refuerzan el papel central de la edad de inicio como variable
estructural de riesgo. Los estudiantes con puntuaciones positivas en el CAST comenzaron
significativamente antes el consumo de alcohol, tabaco, cannabis y borracheras. Esta precocidad en
la exposición a sustancias psicoactivas, ampliamente documentada como un predictor de trastornos
por uso de sustancias (Silins et al., 2014; Volkow et al., 2016; Rial et al., 2020), se traduce en una mayor
exposición acumulativa, mayor vulnerabilidad neurobiológica y mayor probabilidad de cronificación
del consumo (Hasin, 2018). Además del impacto sobre el desarrollo cerebral en etapas clave, el inicio
temprano tiende a configurar marcos cognitivos más permisivos hacia el consumo, reforzados por la
normalización social y la percepción disminuida del riesgo (Hasin, 2018; Hawke et al., 2020). Aunque
en nuestros datos no se observó una progresión significativamente más rápida en mujeres, otros
estudios han descrito un posible efecto telescópico en el consumo de cannabis, según el cual las
mujeres, a pesar de comenzar más tarde, transitan de forma más acelerada hacia el consumo
problemático (Lewis et al., 2014). Este fenómeno, observado también en otras sustancias como
analgésicos (Serdarevic et al., 2017), pone de relieve la necesidad de considerar factores psicosociales
y de género que median la evolución del consumo, incluyendo estigma, presión grupal o estrategias
de afrontamiento basadas en el uso.
La evidencia también apunta a diferencias relevantes según la orientación sexual. Aunque no alcanzan
significación estadística, se identificó un mayor porcentaje de consumo problemático en estudiantes
LGTBI+ (6,8%) frente a heterosexuales (4,1%). Esta tendencia es coherente con hallazgos previos que
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documentan una mayor vulnerabilidad al consumo entre jóvenes no heterosexuales, especialmente
mujeres LGB (Marshal et al., 2008; Cotaina et al., 2022; Naegele et al., 2022). La literatura ha
interpretado esta diferencia desde la teoría del estrés de minoría (Meyer, 2003), según la cual los
grupos LGTBI+ están expuestos a estresores crónicos (discriminación, estigmatización, violencia) que
elevan el riesgo de consumo como estrategia de regulación emocional (Reisner et al., 2015; González
et al., 2017). La internalización del estigma y la falta de entornos seguros pueden incrementar esta
vulnerabilidad. Desde esta perspectiva, los programas de prevención deben integrar variables
estructurales como identidad de género y orientación sexual, promoviendo intervenciones
culturalmente competentes. Estos resultados, aunque preliminares en algunos casos, apuntan hacia
la relevancia de adoptar un enfoque interseccional que considere cómo la interacción entre género,
orientación sexual y otras variables estructurales (como clase social o etnicidad) puede incrementar
el riesgo de desarrollar trayectorias de consumo problemático (Schilt-Solberg et al., 2025). Si bien en
el modelo de regresión logística la orientación sexual no emergió como predictor significativo, su
relevancia desde un enfoque interseccional continúa siendo clave para comprender trayectorias
específicas de riesgo, especialmente en estudios con mayor potencia estadística o muestras más
diversas.
Los resultados mostrados en la Tabla 5 cierran el análisis mostrando correlaciones significativas entre
el CAST y los instrumentos AUDIT (r = .110) y CRAFFT (r = .191), lo que refleja la coexistencia de riesgos
asociados al cannabis, al alcohol y al policonsumo en general. Aunque los coeficientes son modestos,
refuerzan la convergencia sobre un mismo perfil de riesgo: consumo temprano, uso intensivo y
diversificación de sustancias (Kelly et al., 2022; Zuckermann et al., 2020). La mayor correlación con el
CRAFFT es coherente con su sensibilidad para identificar combinaciones de sustancias en jóvenes
universitarios.
En línea con el objetivo de identificar los factores predictivos del consumo problemático de cannabis
(objetivo 6), los resultados del modelo de regresión logística binaria mostrados en la tabla 6 aportan
evidencia empírica sobre diversos factores que predicen el consumo problemático de cannabis en
población universitaria. Entre los predictores más relevantes se identificaron variables
sociodemográficas, de consumo y psicológicas. El sexo masculino se asoció con un mayor riesgo de
uso problemático (OR = 2,060), en consonancia con estudios previos que han documentado una mayor
implicación de los varones en el consumo frecuente y de alto riesgo de cannabis en contextos
universitarios (Hasin, 2018; Naegele et al., 2022). Esta mayor prevalencia también se ha vinculado con
una menor percepción del riesgo y una mayor tolerancia social hacia la intoxicación entre varones
jóvenes, particularmente en entornos recreativos (Patrick y Terry-McElrath, 2017; Moure-Rodríguez
et al., 2016).
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Asimismo, una edad de inicio más temprana en el consumo de cannabis se relacionó con mayor
probabilidad de desarrollar un patrón problemático (OR = 0,803), reforzando hallazgos previos que
sitúan la precocidad como un factor crítico de vulnerabilidad neuropsicológica y social (Silins et al.,
2014; Rial et al., 2020). Esta relación puede explicarse por la mayor susceptibilidad del cerebro
adolescente a los efectos del cannabis, así como por una mayor exposición acumulativa y un
aprendizaje temprano de pautas de afrontamiento disfuncionales (Volkow et al., 2016).
El modelo también señala la relevancia del policonsumo como variable predictiva. En concreto, el
consumo mensual de tabaco en cachimba (OR = 2,639) y el uso de anfetaminas alguna vez en la vida
(OR = 3,683) se asociaron significativamente con el consumo problemático de cannabis, apoyando
estudios que destacan la coexistencia de sustancias como parte de trayectorias funcionalizadas de
consumo (López-Pelayo et al., 2021). En este sentido, el consumo de alcohol evaluado mediante el
AUDIT (OR = 1,052) refuerza la idea de que el patrón problemático se inserta dentro de un perfil más
amplio de uso intensivo y diversificado de sustancias (Arria et al., 2017; López-Pelayo et al., 2021).
Finalmente, la sintomatología depresiva evaluada con el PHQ-9 también most una asociación
significativa con el consumo problemático de cannabis (OR = 1,063). Este hallazgo es coherente con
investigaciones previas que han subrayado el papel del malestar emocional como factor de riesgo, y
con revisiones sistemáticas que han propuesto el uso del cannabis como estrategia de regulación
afectiva en jóvenes con sintomatología ansioso-depresiva (Gobbi et al., 2019).
Pese a la solidez metodológica del presente estudio, deben señalarse algunas limitaciones. En primer
lugar, su diseño transversal impide establecer relaciones de causalidad entre las variables analizadas,
lo que restringe la posibilidad de trazar trayectorias evolutivas del consumo. Además, la utilización de
cuestionarios autoadministrados puede haber introducido sesgos de deseabilidad social o subregistro,
especialmente en lo relativo al consumo de sustancias ilegales. Otro aspecto por considerar es la
ausencia de variables clínicas y de salud mental, cuya inclusión habría permitido una comprensión más
amplia de los factores que median en la relación entre el consumo y las consecuencias psicosociales
asociadas. Asimismo, la muestra se limita a estudiantes universitarios gallegos, lo cual, si bien
garantiza la homogeneidad contextual, limita la generalización de los resultados a otras regiones o
poblaciones.
CONCLUSIONES
Los resultados de este estudio confirman que el consumo de cannabis en el contexto universitario no
se presenta como un fenómeno aislado, sino como parte de trayectorias funcionales de policonsumo
que integran otras sustancias como el alcohol, el tabaco, los estimulantes o los hipnosedantes. Estas
combinaciones varían en función del contexto de uso, la finalidad subjetiva -recreativa, evasiva,
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ansiolítica, instrumental- o el estado emocional del usuario, lo que configura un patrón complejo
desde el punto de vista preventivo, clínico y psicosocial.
El perfil observado en el grupo CAST+ revela que la diversificación de sustancias y as de
administración no solo incrementa el riesgo de dependencia, sino que dificulta la detección precoz del
consumo problemático. Este patrón responde a motivaciones múltiples: socialización, afrontamiento
del estrés y mejora del rendimiento académico, que deben ser comprendidas en clave contextual e
interseccional. En consecuencia, resulta imprescindible avanzar hacia estrategias preventivas
multifactoriales que integren factores individuales (edad de inicio, impulsividad, regulación
emocional) junto con determinantes estructurales y culturales, como el acceso a las sustancias, la
normalización del consumo o la presión grupal.
Asimismo, los datos refuerzan la necesidad de diseñar políticas de prevención integradoras y
culturalmente sensibles, capaces de atender la diversidad de trayectorias, motivaciones y contextos
que configuran el uso de cannabis en la población joven. Estas estrategias deben fundamentarse en
la evidencia científica, implantarse desde etapas educativas tempranas y desplegarse en entornos
universitarios que promuevan la salud, el bienestar emocional y la no estigmatización. En particular,
deben contemplar espacios institucionales seguros y accesibles para estudiantes con perfiles
especialmente vulnerables, como aquellos con orientaciones sexuales diversas, que pueden enfrentar
barreras estructurales adicionales para el acceso a la ayuda o el reconocimiento de su situación.
En conjunto, los resultados subrayan la necesidad de intervenir no solo sobre la frecuencia del
consumo, sino también sobre los patrones de policonsumo y sus consecuencias funcionales. Como
han señalado Rial et al. (2019), variables familiares y contextuales -como la existencia de normas, la
supervisión en la adolescencia o el acceso a recursos económicos- explican en mayor medida los
comportamientos de consumo que factores individuales como la autoestima o la asertividad. En el
contexto universitario, caracterizado por una mayor autonomía y menor supervisión familiar, estas
variables deben ser reinterpretadas y adaptadas a las nuevas condiciones vitales de los jóvenes. Solo
un enfoque integral, situado y respetuoso con la diversidad del estudiantado permitirá abordar
eficazmente el desafío que representa el consumo problemático de cannabis en esta etapa. Además,
es imprescindible considerar el impacto que ejercen los marcos ideológicos, mediáticos y corporativos
en la percepción del cannabis como sustancia inocua o incluso beneficiosa. Tal como advierten Isorna
et al. (2023a), estas narrativas difundidas a través de fake news, influencers y discursos
pseudocientíficos, consolidan creencias erróneas que dificultan la implementación de políticas
preventivas basadas en evidencia. Por ello, las estrategias universitarias de prevención deberían
incorporar también acciones de alfabetización mediática y científica, capaces de contrarrestar la
desinformación y fomentar una toma de decisiones informada por parte del estudiantado.
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Finalmente, los resultados del modelo de regresión logística binaria permiten afinar el perfil de riesgo
asociado al consumo problemático de cannabis en el ámbito universitario. La combinación de factores
sociodemográficos, patrones de policonsumo y síntomas depresivos configura un conjunto de
predictores relevantes que refuerzan la necesidad de estrategias preventivas basadas en la evaluación
multidimensional del riesgo, integrando componentes emocionales y contextuales.
CONSIDERACIONES ÉTICAS
Este estudio fue aprobado por el Comité de Bioética de la Universidad de Santiago de Compostela
(Referencia: USC 70/2023). Todos los participantes eran mayores de edad en el momento de la
recogida de datos y firmaron un consentimiento informado por escrito, conforme a los principios
éticos establecidos en la Declaración de Helsinki.
DISPONIBILIDAD DE DATOS Y MATERIALES
Los datos utilizados en este estudio están disponibles previa solicitud razonada al equipo investigador
y podrán ser facilitados en caso de requerimiento por parte del comité editorial o los revisores.
DECLARACIÓN DE IA GENERATIVA Y TECNOLOGÍAS ASISTIDAS POR IA EN EL PROCESO DE ESCRITURA
Durante la preparación de este manuscrito, los autores no utilizaron herramientas de IA generativa ni
tecnologías asistidas por IA.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses en relación con el presente estudio.
FINANCIACIÓN
Esta investigación no ha recibido financiación.
CONTRIBUCIÓN DE AUTORES
Todos los autores han contribuido de forma sustantiva al diseño del estudio, la recogida y análisis de
datos, así como a la redacción y revisión crítica del manuscrito. Todos los firmantes han aprobado la
versión final y se responsabilizan del contenido íntegro del artículo.
AGRADECIMIENTOS
Agradecemos la colaboración del profesorado de las universidades participantes por facilitar el acceso
a las aulas, así como al equipo de investigadores que realizó el trabajo de campo de forma presencial.
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