Convocatoria abierta

ZARCH solicita el envío de artículos para ser publicados siguiendo el procedimiento de evaluación externa conocido como Peer Review, descrito en esta página, y que atiendan a la convocatoria en curso.

Número 20: "¿Nuevas miradas?"

Fecha límite de recepción de artículos: 15 de noviembre de 2022
Publicación del número: junio de 2023

Texto de la convocatoria:

La búsqueda del término “nueva mirada”, o en plural “nuevas miradas”, arroja miles de documentos en los repositorios Google Scholar y Dialnet, y cientos en Worldcat y Rebium respectivamente. Si etimológicamente investigar tiene que ver con hallar, averiguar o descubrir, estos datos cuantitativos sugieren que los avances en el conocimiento vienen quedando metafóricamente ligados con el mismo hecho de mirar, de arrojar luz sobre algo. En inglés, in-sight, nos remite directamente a la visión, la percepción y la perspectiva e, implícitamente, al discernimiento, la comprensión, la perspicacia y la agudeza.

Ciertamente, la raíz latina ‘mir’, del verbo ‘miror’, hace referencia al hecho de maravillarse, de asombrarse ante lo nuevo. Siendo un verbo deponente, el hecho de mirar subraya la implicación del sujeto en la acción como responsable de esa admiración, independientemente del valor de lo observado. Señala John Berger que “solamente vemos aquello que miramos” y que “siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos” [1]. La visión así entendida forma parte de un constante movimiento que moldea nuestra relación con las cosas y alimenta nuestra inquietud por indagar en el mundo que nos rodea.

La mirada es captación retiniana, como la fotografía es la decantación de la exposición de la luz sobre el sensor o la película. Es un efecto rebote. Para mirar hay que abrirse, sin prejuicios, ante lo que nos rodea. La “nueva mirada” —en estos términos de investigación a los que nos referimos— ¿tendría más que ver con la intencionalidad renovada del sujeto o con la novedad del objeto seleccionado? Si se ha de arrojar luz, en plena coherencia con el mito platoniano, aparecería una contraposición inevitable entre iluminar y deslumbrar. En la primera acción, la luz se deposita sobre el objeto mostrando lo que es y lo que constituye; mientras que, en la segunda, la luz se proyecta ya no sobre el objeto sino sobre el sujeto, sobre la mirada que trata de esclarecer aquello que mira. Se trata de una doble acción orquestada desde el asombro para arrojar luz y rebuscar entre las sombras.

En este marco de relaciones también encontramos etimológicamente ‘miraculum’, milagro, aquello que se percibe de forma maravillosa y admirable. Precisamente el prefijo ‘ad’ apunta a una mirada selectiva: a partir de la visión, seleccionamos mediante la mirada aquello que consideramos relevante, digno de admiración y asombro. En el espejo (‘spéculum’, ‘mirror’), no solo miramos, sino que admiramos: hay una búsqueda implícita por el descubrimiento de aquello que nos resulta atractivo y útil. El término ‘anagnórisis’ introducido por Aristóteles, asimismo, se relaciona con esta idea de descubrir al tiempo que, con el hecho de reconocer, mostrando que los descubrimientos también son reencuentros que “dan a conocer aquello que está delante y sin embargo oculto, como en el olvido” [2].

Entendida así la investigación y el pensamiento crítico como descubrimiento y reconocimiento de lo oculto, lo latente o lo olvidado, resulta esencial despertar la curiosidad por mirar nuevamente, de una teoría ligada al propio acto de mirar. De hecho, teoría viene del griego ‘theoria’. ‘Thea’ es visión. ‘Theoros’ es el espectador, la persona que consulta el oráculo. Investigar apunta, en este sentido, a cambiar el punto de mira, a desplegar nuevas miradas. ¿En que medida el mirar supone un reconocimiento de lo existente o un descubrimiento de algo nuevo? ¿Qué aporta aquí entonces la idea de lo nuevo? ¿Cómo interpretar el tiempo de la mirada? ¿Caducan las miradas?

Podría argumentarse que es la vista la que establece nuestro lugar en el mundo, de ahí la importancia de establecer una relación entre lo que vemos y lo que sabemos. Sin embargo, ¿hasta qué punto el conocimiento se adecúa a la visión? Cabe apuntar al respecto, que lo visible no deja de asociarse con la suma de imágenes que el ojo crea al mirar, mientras que la realidad se hace visible al ser percibida, íntimamente ligada al sentido de experiencia. Señala Walter Benjamin que, en la edad de la imagen, ésta no busca tanto gustar y sugerir, sino ofrecer una experiencia y una enseñanza. Pero este proceso no puede concebirse de un modo unidireccional ya que las experiencias previas y nuestro conocimiento van moldeando nuestra mirada. Al fin y al cabo, lo visible, que puede permanecer tanto iluminado como oculto, forma parte de un proceso de descubrimiento y reconocimiento. De ahí el interés por hallar nuevas miradas, entendidas desde su capacidad de ensanchar los límites de un determinado ámbito de conocimiento.

El presente número de ZARCH pretende dar cabida y abrir un espacio de reflexión a esas “nuevas miradas” con el fin de descubrir o reconocer espacios alternativos de investigación en los que no habíamos reparado previamente o no habíamos prestado suficiente atención. Desde una condición miscelánea, al tiempo que transversal, se trata de que el propio tema del mirar suponga un estimulante debate de reflexión teórica en torno a la arquitectura y el urbanismo.  

 

                                                                                                                               Iñaki Bergera, Javier de Esteban
 
 
 
[1] John Berger, Modos de Ver (Barcelona: Gustavo Gili, 2000), p. 14.
[2] Luis Martínez Santa-María, Intersecciones (Madrid: Editorial Rueda, 2004), p. 14.